7:19: contar la historia para generaciones recientes

Entrevista a Jorge Michel Grau para SkyAlert

Por César García Soria.

Hace 32 años, los sismos del 19 y 20 de septiembre, que marcaron para siempre la vida de los capitalinos, dejaron los más graves daños en la zona del Centro Histórico de la Ciudad de México, las colonias Roma, Juárez y Doctores y la Unidad Habitacional Tlatelolco (entre otras zonas).

En ese contexto, en una escena única, se ven minutos decisivos. Se trata de pisos y pisos de escombros de un edificio, no importa cuál, que se cayó con el sismo de aquel día. Un edificio de tantos. Dos sujetos, el pobre y el poderoso, se encuentran rodeados de otros
pero todos se preguntan lo mismo ¿será que alguien va a rescatarnos?

Ese planteamiento que Jorge Michel Grau recogió en su película 7:19 La hora del temblor (2016) es la elaboración de una imagen que el director de cine recuerda perfectamente.

Lo que pasa en esa película, le pasó a miles de personas que ese día perdieron la vida o permanecieron para hacer más fuerte el relato.

El recuento de ese día que trastocó la historia de México, Grau lo recuerda a la perfección:

“Yo vivía al sur de la Ciudad de México donde prácticamente no pasó nada, tenía 12 años. A la vuelta de mi casa se cayó una secundaria, el Colegio Madrid donde yo estudiaba sufrió bastantes imperfecciones, se cayeron balcones. Pero lo que más me impactó fueron dos hechos.

“Mi papá es arquitecto y en esa época él tenía un edificio en la calle de Havre en la Juárez, entonces recuerdo perfectamente que íbamos a la escuela, no pudimos llegar porque la escuela había cerrado y entonces nos fuimos hacia su oficina y él dijo ‘voy a pasar a ver el edificio nada más para ver que no haya pasado nada’ y nos llevó directo a la zona cero, por decirlo de alguna manera. Vimos lo que había sucedido a la hora y media. Mi padre después de ver eso nos dejó en la oficina y se fue a ver qué podía hacer.

“Él formó parte de un equipo de arquitectos e ingenieros que fueron voluntarios para ver los daños de los edificios de la zona; entonces ellos llegaban y hacían levantamiento de información sobre los daños del edificio y mandaban las cartas a las autoridades para ver qué edificios se podían recuperar y cuáles había que demoler. Eso fue impactante porque recuerdo ver llegar a mi papá llorando y diciendo ‘construyeron con material de cuarta’, o sea ladrillos de mala calidad, varillas de mala calidad”.

Según las cifras emitidas, 60 mil construcciones quedaron con daños parciales y aproximadamente otras 30 mil fueron destruidas en su totalidad.

Grau atestiguó desde el primer momento la solidaridad de la que tanto se habla cuando se recuerda el Terremoto de 1985. Vivía en una colonia de jóvenes, la CTM Culhuacán, en Coyoacán, y afirma que “se organizaron brigadas para ir a ayudar. Mi papá prestaba una
combi que manejaba el señor Cosmos, que era un vecino, y subían todos los chavos y las señoras de la colonia cocinaban ollas enormes de arroz y todas las mañanas se iban a ayudar. Yo más bien estuve vinculado con el ejercicio de ayuda a las víctimas del terremoto, por eso mi recuerdo es tan vívido”.

Para el recuerdo de un niño, la gran réplica del sismo, representó en retrospectiva la consciencia del miedo: “terminaron de caerse edificios con rescatistas y voluntarios dentro, fue una imagen durísima”. Una vez más, los testigos de aquella mañana coinciden en cómo nació y se acrecentó la tragedia debido a la falta de planes de prevención. “A raíz del terremoto se hizo el famosísimo ‘No corro, no grito, no empujo’, dividir las escaleras con una raya para que la gente bajara y subiera por donde fuera y se establecen los simulacros. Fue una tragedia con la que las autoridades tomaron cartas en el asunto”.

Contar la historia

A través de su película Jorge logró satisfacer una necesidad que correspondía a muchos: contar la historia del terremoto. Héctor Bonilla y Demián Bichir hacen un diálogo sostenido en la medida de la tragedia: se confiesan, se apenan, demuestran su debilidad y superioridad ¿quién es mejor ser humano cuando lo alcanza la muerte?

“Había un par de películas que tocaban de refilón el terremoto” explica Grau, “pero no una que hablara o diera una voz de lo que había pasado; no me gustaba hacer un ejercicio documental, no quería quedarme con el hecho solidario. Murieron miles de personas por la irresponsabilidad de las autoridades, por construir al límite, cientos de arquitectos que construían al límite y las autoridades ordeñaban presupuestos y se robaban dinero”.

“La película es completamente ficcionada. El set estuvo inspirado en testimonios de sobrevivientes e hicimos una investigación enorme, hablamos con bomberos y rescatistas de la época, hablamos con los famosos topos, con muchos voluntarios y sobrevivientes, con gente que estuvo dos o tres días atrapada y con eso la historia estaba escrita, lo único que hicimos fue adaptar y tratar de acercarnos a lo que había sucedido. La idea fue ponerlo en el centro, donde prácticamente pasó todo. En un edificio de gobierno”.

Considerando entonces que historias como esta deben ser recordadas, Jorge tomó la idea y la realizó pero reconoce que el hecho no ha logrado trascender como debiera. “Creo que socialmente nos hemos olvidado de la tragedia, si uno voltea a ver hay cientos de edificios que no sabemos si están cumpliendo los protocolos de construcción, cientos de edificios en zonas donde antes no se construía arriba de cuatro pisos y ahora son de cinco o seis, y con esta corrupción desmedida yo tendría miedo de qué está pasando con estas construcciones.

“Pero, por el otro lado, la prevención en escuelas, en oficinas, en hospitales, tiene que que
haber un recordatorio permanente de que el riesgo es constante y diario, o sea, podría temblar en cualquier momento, no es una cosa de temporada, y si no estamos prevenidos vamos a vivir una tragedia igual o peor que la de 85. No hay una cifra exacta de los muertos pero se habla de alrededor de 20 mil. Imagina si una cosa así llegara a suceder”.

En la realización de su proyecto a Grau le impactaron los dos universos. Recuerda con sorpresa una historia “había unos rescatistas que lograron entrar, si no me equivoco, en una escuela secundaria: entraron, escucharon a un sobreviviente pero el único espacio para pasar era donde había alguien que ya estaba muerto y había vivos atrás entonces decidieron cortar el cuerpo y pasar”.

Al mismo tiempo la de las víctimas: “había una pareja de sobrevivientes en el edificio Nuevo León que estuvo atrapada cuatro días y él perdió el brazo; y él me decía cómo el edificio se iba apachurrando, ‘oíamos a los rescatistas pero ellos a nosotros no, y cómo había sobrevivientes y cómo se iban apagando y dejaban de hablar’”.

Nadie tiene esa referencia, de lo que pasó dentro de los escombros en 1985. La tragedia generó reflexiones que apuntan al gobierno como uno de los responsables. Pero además confrontó a clases sociales. Si se piensa en las generaciones posteriores al terremoto, en realidad no existe un relato que no sea el de transmisión oral y cuando aparece una película como esta, la historia se hace tangible y susceptible de un realismo excepcional.

“Cuando construimos el set, llevamos a los topos, a dos de ellos y a un bombero, a que vieran los escombros y nos decían: ‘justo así fue, ya no le pongan más’. A mí lo que me interesaba era la experiencia vivencial, que fueras sintiendo con ella. Fueron cuatro semanas de rodaje y cuatro semanas construyendo el espacio, los ensayos, los vestuarios. No había cómo mostrar una película de época que ocurre en un mismo espacio. El reto fue contar una historia desde y en el encierro y que la gente fuera sintiendo lo mismo, a punto de llegar con esa emotividad con los personajes”.

Hoy, Jorge está preocupado de un sismo en la ciudad -dejando de lado el sismo del 7 de septiembre pasado-, “nos han demostrado una y otra vez que no podemos confiar en el
gobierno, imaginemos un movimiento de esa envergadura, todos esos edificios nuevos, los
que no se lograron rescatar en donde sigue viviendo la gente. El sismo fueron elementos sumados pero, si le restamos elementos a la suma obviamente el resultado es menor. Si quitas corrupción, desconocimiento, que la gente no estaba preparada, la tragedia es peor. “Hay que abonar, protocolos de construcción, de prevención, que los bomberos y protección civil tengan herramientas para detectar sobrevivientes, si estuviéramos listos no importaría el riesgo porque estamos listos. El problema es que estoy convencido de que no lo estamos. Las autoridades no aprendieron”.

*Las expresiones/dichos señalados en la entrevista son responsabilidad del entrevistado y no de quien lo publica*

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By | 2017-09-18T16:25:56+00:00 septiembre 18th, 2017|Prevención, Sismos México, Terremotos Históricos|Comentarios desactivados en 7:19: contar la historia para generaciones recientes