Un posible origen del terremoto del 19 septiembre de 2017 en México

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Un posible origen del terremoto del 19 septiembre de 2017 en México

Debajo de nuestro país la placa de Cocos se desliza poco a poco bajo la placa Norteamericana y ese es el origen de la mayor parte de los sismos que se producen en la costa sur de México. No así con el terremoto del 19 de septiembre de 2017.

Una reciente investigación muestra como una línea de colinas que “se doblan” y que fueron creadas cuando se formó el lecho marino, serían la posible explicación al sismo del 19 de septiembre pasado con epicentro en Puebla.

La investigación publicada recientemente en la revista Geophysical Research Letters por el sismólogo mexicano Diego Melgar, de la Universidad de Oregon en Estados Unidos muestra cómo “el terremoto de 2017 fue peculiar, pero no tan infrecuente”.

El evento de 7.1 de magnitud se produjo apenas a 100 kilómetros de la Ciudad de México y causó graves daños desde la capital hasta el sureste pasando por los estados de Puebla y Morelos. Tan sólo en la capital, hubo 228 muertes y el colapso de más de 40 edificios.

“La pregunta es si los terremotos como este pueden ocurrir aún más cerca de la Ciudad de México. La respuesta es incierta, pero parece que es poco probable”, indica Melgar.

Un equipo de investigadores estadounidenses y mexicanos mapeó una zona de alto riesgo de terremotos en una línea que va al sureste de la Ciudad de México que incluye la ciudad de Puebla, Oaxaca y Tehuacán.

La Ciudad de México se encuentra en una zona “turbia”, explica Melgar. El mapa tiene un punto directamente al sur donde posiblemente podría ocurrir un terremoto. Terremotos similares en 1980 y 1999 en áreas menos pobladas al sureste también ocurrieron dentro del mapa. La investigación es parte de un esfuerzo continuo para comprender mejor los riesgos de terremotos en México.

“Este terremoto de 2017 fue una prueba de las capacidades nacionales para informar rápidamente un evento en una región con una cobertura de estaciones relativamente buena”, dijo la coautora del estudio Xyoli Pérez-Campos, jefa del Servicio Sismológico Nacional.

“También planteó nuevos avances científicos y las cuestiones sociales, de particular importancia, eran cuán plausible es tener un evento similar más cerca de la Ciudad de México”.

Se sabe que los terremotos continentales suceden, dijo Melgar, pero no ha habido suficiente información para los mapas de peligros que guían los códigos de construcción y los planes de preparación.

“Encontramos que los terremotos como el de Puebla en 2017 no siempre son prioritarios en México cuando pensamos en los terremotos que pueden ocurrir”, dijo Melgar. “También tenemos que prepararnos para este tipo de terremotos, no solo para los terremotos como 1985 que azotan a lo largo de la costa”.

La investigación se centró en la estructura del lecho marino, en particular las líneas de fallas ligeramente elevadas llamadas colinas abisales. Aparecen como líneas de ondas que surgen repetidamente hacia afuera a medida que las crestas oceánicas se separan en pulsos.

Dichas líneas, “registran las tasas a las que se está formando el lecho marino”, dijo Melgar. “Al mirarlos podemos decir si el fondo marino se está haciendo rápida o lentamente”.

Los terremotos en México normalmente se generan en alta mar donde las dos placas convergen como las de la zona de subducción de Cascadia desde el norte de California hasta Columbia Británica, Canadá.

El terremoto de magnitud 8.1 en la Ciudad de México el 19 de septiembre de 1985 fue típico. Centrado en el océano a 250 millas al oeste, mató a más de 10 mil personas según cifras oficiales y destruyó 3 mil edificios. La susceptibilidad de la capital al daño sísmico es el resultado del suelo blando de un antiguo lago sobre el que se construyó.

“En septiembre se produjo un terremoto más pequeño en el interior, pero estaba mucho más cerca de la ciudad”, dijo Melgar. “También afectó a la ciudad debido al lecho del lago que permite que la sacudida ocurra durante períodos más largos que un terremoto en roca sólida. Queríamos saber por qué el terremoto de 2017 ocurrió en ese lugar en particular”.

El equipo demostró que las líneas de las colinas abisales inicialmente ocurrieron a intervalos regulares a medida que la placa de Cocos descendía bajo México. Sin embargo, esa alineación eventualmente cambió a medida que la profundidad de las áreas de subducción cambiaba bajo la superficie del territorio nacional.

Donde la subducción continuó en ángulos profundos, las colinas sobre la placa se desplazaron hacia el noreste. Empezando justo al sur de la Ciudad de México, la alineación de las colinas cambió, reflejando una zona donde la placa de subducción “se aplanó”.

El terremoto de 2017 probablemente fue el resultado de “tensiones de flexión que ocurren en la transición de la subducción de losa plana a la subducción abrupta”, concluyeron los investigadores.

Donde la subducción permanece profunda, los terremotos costa afuera continuarán siendo los que presenten el mayor riesgo. La zona de subducción más somera está en riesgo de terremotos terrestres.

La zona donde existe el potencial para sismos de ‘flexión’, en la cual la placa tectónica bajo el país se dobla hacia abajo de forma drástica. Sólo cinco sismos como el de 2017, que produjo más de 300 muertes en la Ciudad de México, han ocurrido en esta zona en el último siglo. Los grandes sismos usualmente ocurren frente a las costas del océano Pacífico. (Imagen de Diego Melgar).

En otro ensayo publicado en The Conversation, Melgar va un poco más allá y explica que el sismo del 19 de septiembre se conoce como “sismo de flexión” y apunta “En los últimos 100 años hemos observado que estos tipos de sismo, en general, tienen magnitudes menores que las de los sismos más comunes que acontecen frente a la costa del país.

“Esto no implica que la intensidad de la sacudida sea pequeña. La zona central del país está densamente poblada y los sismos de flexión ocurren justo debajo de ella. A raíz de ello, la sacudida puede ser violenta.

“Cuando ocurren cerca de la Ciudad de México, como sucedió en septiembre de 2017, las consecuencias pueden ser devastadoras”.

Un terremoto de magnitud 8.2 cerca de Chiapas ocurrido el 7 de septiembre también podría estar relacionado con el patrón de desalineación, dijo Melgar.

Las zonas similares de subducción de las losas planas donde ocurre esa desalineación, dijo, pueden ser comunes hacia el sur del continente a través de Guatemala, El Salvador y Nicaragua, el sur de Perú y el norte de Chile.

Universidad de Oregon / The Conversation.

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By | 2018-03-13T10:16:02+00:00 marzo 13th, 2018|Geología, News, Sismos México, SkyAlert, Terremotos Históricos|Comentarios desactivados en Un posible origen del terremoto del 19 septiembre de 2017 en México

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