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Conocer másEl reciente colapso del inmueble en San Antonio Abad, en la alcaldía Cuauhtémoc, no es solo una noticia trágica que hoy enluta a la CDMX con la pérdida de trabajadores; es un recordatorio brutal de las cicatrices invisibles de nuestra ciudad. Este edificio, que ya cargaba con daños estructurales de los sismos de 1985 y 2017, finalmente cedió durante una maniobra de demolición.
El riesgo latente en la CDMX
Lo que comenzó como una maniobra de demolición rutinaria terminó en tragedia. Al momento del colapso, 13 trabajadores se encontraban en el inmueble; lamentablemente, cuatro quedaron atrapados bajo tres pesadas losas de concreto. Tras horas de angustia, se confirmó el fallecimiento de tres trabajadores y el rescate de un sobreviviente, quien lucha por su vida en el Hospital Rubén Leñero.
Las fuentes oficiales confirman que la estructura estaba debilitada por décadas de actividad sísmica. Esto nos deja una lección clara: el riesgo sísmico no termina cuando deja de temblar. Los daños acumulados en el tejido urbano de la Ciudad de México requieren una vigilancia constante y una capacidad de respuesta inmediata.

¿Por qué la prevención es nuestra única defensa?
En incidentes como el de San Antonio Abad, la diferencia entre la seguridad y la tragedia radica en la anticipación. Como sociedad que convive con el riesgo, no podemos permitirnos ignorar el estado de nuestro entorno.
- Dictámenes actualizados: Conocer la salud estructural de donde vivimos y trabajamos.
- Protocolos de Protección Civil: Saber cómo actuar ante el colapso inminente o un movimiento telúrico.
- Tecnología al servicio de la vida: Contar con herramientas que nos den segundos de ventaja.
Togo: El nuevo guardián de la CDMX
En medio de la emergencia, destacó la figura de Togo, un pastor alemán negro de 4 años perteneciente al Heroico Cuerpo de Bomberos. Junto a su manejador, Donovan Millán, Togo demostró por qué la inversión en equipos de rescate es vital:
- Precisión asombrosa: Fue capaz de rastrear un área de 2,000 metros cuadrados en solo 3 minutos.
- Marcaje de vida: Su olfato permitió a los equipos de emergencia (ERUM, SEMAR y Bomberos) localizar los puntos exactos donde se encontraban las víctimas, incluso a profundidades de hasta 12 metros.
- Un hito: Togo es el primer perro rescatista integrado formalmente a los Bomberos de la CDMX en décadas, marcando un antes y un después en la atención de colapsos urbanos.

Hoy, nuestros pensamientos y nuestra solidaridad están con las familias de los trabajadores que perdieron la vida en San Antonio Abad. Este trágico evento es un doloroso recordatorio de que la seguridad estructural y la prevención no son temas administrativos, sino cuestiones de vida.
Nuestra misión es darte esos segundos de paz que te permitan abrazar a los tuyos y ponerte a salvo. Porque aunque no podemos controlar el pasado ni las cicatrices de nuestros edificios, sí podemos decidir cómo nos cuidamos hoy.
La prevención es nuestra fuerza. Por los que ya no están, por los que nos rescatan y por el futuro que construimos cada día en esta ciudad.














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